Correspondencia

17 – 03 – 2025

Querido Miguel:

Te sorprenderá recibir una carta, ¿quién utiliza ya estas cosas? No obstante, por una de esas ironías del universo, me he visto obligado a recurrir a un medio del pasado. Vigilan todas mis comunicaciones: móvil, e – mail, redes sociales… y a mí mismo, por supuesto, a mi persona. No sé dónde están las cámaras, pero sé que están. Ahora mismo, estoy simulando que escribo un poema, ¿te lo puedes creer? Les he montado el espectáculo completo. He llamado a Diana, ¿te acuerdas de Diana? Ella ya ni reconocía mi voz, he de admitir que eso me ha dolido un poco. Le he preguntado qué tal, como haciéndome el inocente… que pareciera que intentaba retomar el contacto, y cuando he colgado, me he echado a llorar. Hasta se me cortaba la respiración, es posible que, en algún momento, haya llorado de verdad. Luego me he puesto a leer a Novalis, ya casi no recordaba sus versos, que agonía de tío, y después he hecho como en las películas, deben de pensar que soy medio imbécil. Frente al espejo, nada menos, me he puesto frente al espejo y he dicho: “Un poema, voy a escribirle un poema”. Ya ves, en mi propia casa, Miguel, obligado a estas tonterías, para hacerte llegar un mensaje sin que lo lean. Pero soy más listo que ellos, mucho más, por eso dedican tantos recursos a vigilarme; aun así, no lograrán detenerme.

Le voy a dar la carta a la de la panadería. Ya sabes, “la panadería”. Ella no está en su radar, te la hará llegar. Cuando respondas, dale a ella la carta, y se encargará de pasármela sin que nadie se dé cuenta. Ahora las cosas tienen que ser así. Pero no importa. Estoy listo, Miguel, ese es el mensaje, estoy listo. Dame los detalles. No van a detenernos.


19 – 03 – 2025

Mi muy apreciado Roberto:

¿Querido Miguel? ¿En serio? Más de treinta años siendo amigos, y es la primera muestra de afecto que haces, sí que te has metido en el papel de escritor de cartas. Espero que mi encabezamiento esté a la altura, no quisiera echar por tierra tus aspiraciones literarias.

¿Seguro que lo tienen todo pinchado? He estado hablando con el rarito y me ha dicho que los mails que nos dio son seguros, hasta se ha ofendido un poco, como si yo supiera de qué cojones hablaba cuando se ha puesto a recitar no sé qué protocolos. Yo… bueno, he hecho algunos negocios con esos mails que no me gustaría que supieran, la verdad. Nada serio, ya me entiendes, solo… un poco comprometido. En fin, tú eres el listo, siempre ha sido así, desde críos. Por cierto, me debes un Bollycao, ¿te acuerdas? Conseguí que Diana te diera un piquito en el patio, y nunca me pagaste el Bollycao. Me parece increíble que sigas pensando en ella. Espabila, tío.

Le he dado luz verde al camionero, cuando leas esta carta, la máquina ya debería estar en el local. Quiere otros mil pavos, dice que para descargar ese trasto va a tener que contratar a alguien más, y que la gente discreta no sale barata. Nos está timando, pero como sé que a ti te da igual, ni he discutido, así que ya sabes, te costará mil euros más, y el Bollycao.

Oye, ¿seguro que a mí no me tienen pinchado? Las cosas con María no están en el mejor momento, y ese mail… ¿Cómo lo borro? No sé para qué me meto en tus historias, esto se ha ido de madre; ten cuidado, tío, no te imagino en la cárcel, y menos ahora que eres poeta.


21 – 03 – 2025

A la atención del muy macho Miguel, quien nunca sintió ningún afecto por un hombre:

¿Mejor así? El Bollycao te lo compré al día siguiente, junto a una “Cherry Coke”, ¿te acuerdas de esa mierda? Desapareció de un día para otro, me tomaría una. Siempre alardeas de que tus años de porrero no te han dejado secuelas, pero creo que tu hipocampo no opina lo mismo. Respecto a Diana… yo qué sé, para mí… ya sé que te vas a reír, pero yo me sigo sintiendo como en el patio, yo siento igual, para mí la vida no ha cambiado. Eso explica muchas cosas, ¿verdad?

Seguro que han pinchado tu correo también, eres la persona más cercana a mí, casi la única, deberías sentirte ofendido si no lo hubieran hecho. Ten en cuenta que ellos no pueden permitir esto, Miguel, voy a cambiar el mundo, literalmente, a cambiarlo. Nadie que ahora tenga poder quiere eso.

Esta misma noche voy al local, por lo que, cuando leas esto, ya estará hecho. Tal vez ni siquiera llegues a leerlo, no sé qué implicaciones tendrá lo que voy a hacer. Puede que ni siquiera me recuerdes, que esta carta nunca llegue a existir y que, simplemente, desde esta misma noche, tengas una nueva vida sin mí. Lo siento mucho, porque eso te supondría una gran pérdida, pero no lo sabrás, y aunque no sepas que existo, te recordaré siempre. Algo muy similar a lo que ocurre con Diana. Te deseo lo mejor, amigo.


23 – 03 – 2025

Al distinguido señor gilipollas:

¡Eso es una muestra de amor! Un buen insulto, eres el único hombre al que insulto de esa forma, deberías sentirte halagado.

Lo de los porros ha sido un golpe bajo, he tenido que buscar en Google qué es el hipocampo, eres muy divertido, si se te tuerce lo de la ciencia puedes hacerte monologuista, aunque tal vez se me olvide ir a tus actuaciones. Eres el tío más listo que conozco, ¿por qué te empeñas en vivir atrapado en un mal recuerdo? Igual eres tú el que necesita unos porros, con la de cosas buenas que has hecho, sal ya del puto patio.

Se lo he contado todo a María. Le he dicho que he estado vendiendo algo de hierba por internet, y que una clienta era muy maja y empezó a mandarme fotos… pero que la cosa no ha pasado de ahí. ¿Sabes qué me ha dicho? ¡Que es culpa tuya! Jajajaja. No me la merezco, dice que yo no sé ni usar la Tablet, que si no fuera por ti no me metería en esas cosas… yo, por supuesto, le ha dado la razón. Tendrás que estar una temporada sin pasarte por casa.

¿De verdad crees que ese trasto va a funcionar? Ten mucho cuidado, Roberto. Yo me sigo acordando de ti, no has desaparecido, aunque he preguntado por el barrio y no te ha visto nadie, pero todos saben quien eres. Yo no tengo ni idea de cómo funcionan estas cosas, para mí es como una película.


A quién le importa el tiempo.

Mi estimado y único amigo, cuánto te he echado de menos:

¿Cómo es posible, querido amigo, que ahora que por fin siento un poco de dicha, solo quiera hablar de mi dolor? No imaginas el placer que siento al poder comunicarme, después de tanto tiempo…

Lo conseguí, Miguel, lo conseguí; pero no fue como esperaba. Resulta que el universo tiene sus reglas y, si las rompes, te castiga. Fui al local aquella fatídica noche, me introduje en el engendro ideado por mi ingenio, esa máquina de tortura cuyo recuerdo hace que me arrepienta de volver a sentir mi propia piel, y viajé al pasado. ¡Qué error!

Cuarenta años atrás, justo unos días antes de mi nacimiento, como un guiñó romántico, o narcisista, para nacer, yo mismo, en un mundo recién cambiado por mí. Lo tenía todo planeado: fechas, lugares, nombres… sabía con quien hablar y que decirles para mejorar las cosas. Pero no pude. La máquina me arrojó como un ser incorpóreo, una sombra, menos que una sombra, un ente sin más capacidad que la de observar y sentir. Reconocí a mi madre, tan joven… pero la reconocí, ¿cómo no iba a hacerlo? No podía separarme de ella, y no entendía por qué, mis movimientos carecían de voluntad, era como el globo sujetado por una mano caprichosa. ¿No decías, Miguel, que era yo muy listo? Te vas a reír, y me alegro de hacerte reír. Hasta que no me vi nacer a mí mismo y empecé a desplazarme en las manos de la matrona, no comprendí que no estaba unido a mi madre, sino a mi propio cuerpo, al real, al que el universo aceptaba como válido.

La primera mitad de mi vida he sido un ignorado, Miguel, con maravillosas excepciones como tú, pero un ignorado, al fin y al cabo; ni siquiera un rechazado, cuyo rechazo le importa a alguien; tampoco un solitario, uno de esos acerca de los cuales la gente se pregunta: “¿Qué le habrá pasado? ¿Por qué estará tan solo?”. Yo era, simplemente, un ignorado, como si esa soledad fuera mi estado natural, y no se pudiera esperar nada más de mí. Pero la segunda mitad, Miguel, la segunda mitad de mi vida… he sido un invisible, que observaba a un ignorado. Si al menos lo hubiera sabido, si hubiera sido consciente… habría podido hacer algo en mi juventud, para entretenernos a los dos.

He vuelto al patio, vi el día que nos conocimos, y el beso de Diana. Por cierto, puedo confirmar que te compré el Bollycao, lo he vivido dos veces. He visto mis fracasos, Miguel, todos mis fracasos los he visto de nuevo y, ¿sabes qué es lo peor? Que, viéndolos allí, teniéndolos delante, sabiendo lo que iba a ocurrir… no me imaginaba una forma mejor de hacer las cosas. Si volviera a nacer hoy mismo, con todo lo que sé, el mundo entero me ignoraría de nuevo. Todos menos tú, por eso escribo esta carta, porque hay una persona a la que le importa lo que me ocurrió, y aunque sea solo una, mereces saberlo.

Hace dos noches recuperé mi cuerpo, más o menos. En el momento en que mi otro yo se metió en la máquina, ahí aparecí, con un cuerpo demacrado, un cuerpo de ochenta años. He seguido envejeciendo, invisible, y lo peor es que no siento que me haya perdido nada. Destruí la máquina, creo que eso es lo que quería el universo, que enmendara mi ofensa, que entendiera que nadie puede cambiar el mundo, y mucho menos un ignorado como yo. Volví a casa a esperar tu carta, eso es lo que me ha mantenido vivo estos dos días. La panadera la ha arrojado hace menos de una hora por la rendija de la puerta, se notaba, antes de que me lo dijeras, que estaba enfadada. Mañana le llevaré la respuesta, ella no sabrá que soy yo, pero algo se me ocurrirá para que te la haga llegar. Y después, me iré, Miguel, no sé a dónde, pero me iré.

Tal vez me haga monologuista. Cuida de María, no vuelvas a hacerle nada malo, ella no se lo merece y a mí ya no podrás usarme como escudo. Ha sido un honor ser tu amigo. Dos veces. Hasta siempre.

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